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José Moldes |
(1785-1824).
V
ehemente patriota salteño que jugó un importante papel en los primeros años del movimiento por la independencia, tanto en España como en Argentina; enérgico exponente del localismo. Nacido en Salta, fue llevado a España en 1803 para completar sus estudios; ingresó como cadete en el cuerpo de guardias del rey, un grupo privilegiado, de elite.
En Madrid se hizo amigo de patriotas argentinos; Pueyrredón, los Gurruchaga, Zapiola, Lezica, Pinto y A1vear; formó una asociación secreta que propiciaba la independencia latinoamericana; Estuvo en contacto y fue influido por Francisco de Miranda; a pesar de la oposición francesa (luego de la invasión napoleónica) logró salir de España con rumbo a Buenos Aires, donde llegó en enero de 1809.
Se adhirió al grupo patriótico y se fijó la misión personal de ejercer propaganda en el interior, a favor de la independencia; con posterioridad a la Revolución de Mayo fue designado para una serie de cargos de responsabilidad, tanto civiles como militares; teniente gobernador de Mendoza en 1810; al año siguiente fue intendente de Cochabamba y también ejerció funciones militares de alta jerarquía. Se unió a Belgrano distinguiéndose en la batalla de Tucumán; de regreso a Buenos Aires fue puesto al mando de la fuerza policial de la ciudad; haciéndolo responsable por su defensa, con el rango de coronel; electo para representar a Jujuy y a Salta en la Asamblea General Constituyente del año 1813, fue destacado luego para colaborar en el sitio de Montevideo.
El año 1814 marca el comienzo de la declinación de su relaciones con los líderes patriotas; al parecer, con la restauración de Fernando VII en el trono, Moldes comenzó a considerar la conveniencia de negociar con la Corona; su espíritu turbulento e individualista le aparejó reiterados conflictos con las autoridades; fue exiliado a la Patagonia en 1814 por el director Posadas; electo para el congreso de Tucumán por Salta y nominado por Córdoba para Director Supremo, rompió su amistad con Pueyrredon cuando éste fue designado en su lugar; Moldes perdió sus derechos civiles y fue sometido a prisión a consecuencia de sus discrepancias con Godoy Cruz; se indispuso con su ex comandante Belgrano, que lo deportó a Chile, donde fue encarcelado por San Martín; en 1819 escapó y regresó a Buenos Aires, donde acusó al gobierno de corrupción y exigió justicia; en 1824 falleció en Buenos Aires bajo circunstancias un tanto misteriosas.
No obstante su temperamento excitable, se considera que Moldes ha llevado a cabo importantes servicios personales y financieros para la causa de la libertad, especialmente durante sus primeros años y ha sido calificado como su alma.
CORONEL JOSÉ MOLDES
Por Raúl P. Sosa
No comprenderíamos muchas situaciones que se le crearon a este prócer si no tuviéramos presente algunas modalidades de su carácter, altivo y orgulloso, rayano en lo díscolo y altanero, y de una rigidez poco común. Solía denunciar públicamente lo que, a su juicio, involucraba una falta o delito, sin que lo arredrara la alta posición del personaje por él acusado. En este sentido, nunca se detuvo a calcular el daño que podían hacerle los poderosos enemigos que con tanta valentía desafiaba.
Contrario a la hegemonía –no pocas veces abusiva- ejercida por Buenos Aires sobre las restantes provincias, llegó a decir. “No se organizará la Nación hasta que no desaparezca Buenos Aires”.
Nacido en la ciudad de Salta, el 1° de enero de 1785, era hijo de Don Juan Antonio Moldes -de antigua y noble familia de Galicia- que casó en Salta con una joven de gran belleza llamada María Antonia Fernández.
Don Juan Antonio Moldes consiguió aquí levantar una casa comercial muy importante, como que compraba mercaderías directamente en el puerto de Cádiz y después de abastecer negocios de Buenos Aires y del trayecto de esta plaza hasta Salta, extendía su influencia hacia el Alto Perú, dado el quebranto que sufriera el Callao desde que se concedieron franquicias especiales al puerto de Buenos Aires.
En la biografía del Dr. Francisco de Gurruchaga, dijimos que la casa de su padre y la de Moldes figuraban entre las más importantes de todo el Virreinato de Buenos Aires.
El fundador de la de Moldes, en posesión de una acaudalada fortuna, procuró a sus hijos la mejor educación, primeramente en el Colegio de Monserrat, en Córdoba y después enviándolos a Madrid. El mayor de los tres varones, Juan Antonio, completó sus estudios en la célebre Universidad de Chuquisaca, recibiéndose de doctor.
Según don Bernardo Frías, autor de la más completa biografía de Moldes, éste y su hermano Eustoquio llegaron a España en 1797.
El mismo gran historiador explica la curiosa contradicción de que así como en las Colonias casi todos los cargos eran desempeñados por españoles, en la Metrópoli los americanos, descendientes de familias hidalgas y con abundantes recursos, conquistaban lúcidas posiciones, hasta en la misma Corte. Así don Francisco de Gurruchaga -con estudios de jurisprudencia en la Universidad de Granada- obtuvo el cargo de "Correo de Gabinete" y don José Moldes -que siguiera la carrera militar desde el Colegio de Nobles de Madrid-, alcanzó el grado de Teniente en la "Guardia de Corps Americana", con asiento en Palacio, que servía de escolta al propio Rey.
Al producirse la invasión de las fuerzas napoleónicas a España, primeramente con el pretexto de combatir a Portugal, aliada de Inglaterra, y después abiertamente para sojuzgarla -aprovechando las graves desavenencias entre Carlos IV y su hijo Fernando, príncipe de Asturias-, ocurrió aquel incidente que puso de relieve en la Corte las virtudes caballerescas, el honor y el coraje de Moldes, al par que le conquistó un señalado prestigio.
Agasajando en palacio a un enviado de Napoleón, militar de alta jerarquía, éste quizá alterado por la bebida, pronunció un brindis jactancioso diciendo que los franceses eran invencibles y que en cualquier momento se apoderarían de España y sus colonias. Entonces, Moldes, en medio del estupor que causó esta impolítica revelación, le dijo con firme altivez: "Los ingleses han probado que eso es más difícil de lo que usted se figura". A lo que respondió, despectivamente, el provocador: "¡Bah! esos fueron unos estúpidos que se dejaron correr por la canalla de la calle". "Esa canalla -le contestó Moldes, avanzando hacia él- no es de la familia de los Mouton"; y tiene el pecho más fuerte que el de Usted -le dijo- asestándole un golpe de puño que lo derribó en tierra.
¡Ya usted lo ve! Y, siguiendo a Frías: "Arréglose en seguida un duelo a sable, y Moldes (gran espadachín), despachó en el lance al otro mundo a su adversario, herido malamente en la cabeza y el costado".
"Aquel suceso, que resonó ruidosamente en España y en América, rodeó a Moldes de universal simpatía y popularidad. El Rey lo colmó de favores; uno de ellos fue su ascenso a Teniente Primero de la Guardia de Corps, título que equivalía a Coronel de cualquier cuerpo del ejército español".A pesar de esta brillante posición y las halagüeñas perspectivas que le brindaba su carrera en la Metrópoli, Moldes, como Gurruchaga y otros jóvenes americanos, no perdieron de vista los intereses de la América hispana y la excepcional oportunidad que para conseguir su independencia les brindaba la ocupación de la península por 25.000 soldados franceses, al mando del célebre Jefe de la Caballería, Murat; y el haber puesto Napoleón presos en el Castillo de Bayona al Rey Carlos IV y a su hijo, y el haber puesto Napoleón presos en el Castillo de Bayona al Rey Carlos IV y su hijo, Fernando VII, en quien había abdicado el primero, según dijo después, 'por la violencia' lo que dio motivo al emperador para adueñarse del trono de España que, como es sabido, adjudicó a su hermano José Bonaparte.
Don Juan Martín de Pueyrredón había llegado a Madrid a dar cuenta, en nombre del cabildo de Buenos Aires, de los sucesos de la última invasión inglesa. Hallándose allí toma contacto con los conspiradores, en circunstancias en que se el histórico levantamiento popular del 2 de mayo de 1808, al grito de '¡mueran los franceses!', gritó que después subleva a toda España.
Murat, en esas dramáticas circunstancias, descubre tales movimientos de los americanos y ordena la prisión de Pueyrredón, Moldes y Gurruchaga. Estos últimos a fuerza de habilidad y de dinero, consiguen sobornar a la guardia y huyendo los tres llegan a Sevilla a donde no había alcanzado todavía el poder de los franceses.
Don José Moldes –que capitaneaba el grupo insurgente- arriesga su vida en el puerto de Cádiz bloqueado por la escuadra inglesa y llega de noche, en una pequeña embarcación, hasta la nave capitana, exponiendo al jefe inglés el proyecto que le habían confiado sus compañeros de causa. Así consigue trasladarse a Londres y obtener del Ministro Canning la promesa de enviar un ejército de ocho mil hombres para cooperar al levantamiento de estas colonias, pero la sublevación del pueblo español contra los franceses, al convertirlo en aliado de Inglaterra, hizo fracasar la misión confiada a Moldes.
Decididos a realizar por sí solos el movimiento libertador, se embarcaron para Buenos Aires unos cuarenta patriotas –entre ellos O’Higgins, Riva Agüero, Pueyrredón, Zapiola, los Gurruchaga y los Moldes-, contribuyendo estos últimos a costear el pasaje de los que no pudieron hacerlo. Arribaron el 7 de enero de 1.809.
La condición de Jefe, de José Moldes parece confirmada por cuanto llevó la representación de todos en las reuniones secretas de Vieytes y Rodríguez Peña, entre los cuales expuso la verdadera situación en que se encontraba España y la necesidad de propagar las ideas emancipadoras. En tan arriesgada empresa, el coronel Moldes partió para el centro y norte, haciendo escala en las principales ciudades hasta llegar a Cochabamba y La Paz.
Producida la Revolución de Mayo es designado gobernador de Mendoza, donde sofocó una reacción armada, y dio pruebas de su celo por la buena administración y de la energía e integridad que había de destacarlo con relieves singulares. El 12 de enero de 1811 terminó su gobierno, dándosele después igual destino en Cochabamba.
Nombrado segundo jefe del Ejército del Norte, después de la derrota del Desaguadero, se puso con ahínco a reorganizarlo, infundiéndole normas de disciplina que fueron abiertamente resistidas por jefes y oficiales que carecían de ella. Elevó en tres meses, de ochocientos a dos mil, los efectivos.
Ante la aprobación superior del proyecto de Díaz Vélez, jefe de la vanguardia para atacar Suipacha al que se opusiera Moldes, éste se retiró del ejército, viniendo los hechos a darles la razón.
Cuando Belgrano retrocedía desde Salta y el enemigo victorioso amenazaba realizar un paseo militar hasta Buenos Aires, Moldes al frente de 125 jinetes equipados a su costa, se incorporó al ejército en retirada.
Figura entre los que decidieron a librar la batalla de Tucumán, contribuyendo hasta con dinero, siendo él quien eligiera el sitio en que se apostaron las débiles fuerzas defensoras e indicando el instante preciso en que dispararon con éxito los cañones de los patriotas. Después de las incidencias sorpresivas de esa batalla, en la que Belgrano estuvo a punto de caer prisionero, se afirma que Moldes y su hermano Eustoquio lo salvaron.
Cuando el General en jefe regresó al campo, viendo que Tristán permanecía inactivo cerca de la ciudad, comisionó al coronel Moldes para intimarle rendición, la que fue rechazada, pero horas más tarde el ejército realista se retiraba hacia Salta.
Los servicios de este distinguido militar salteño, en esa acción pueden apreciarse por el honor que le dispensó Belgrano nombrándolo General Inspector de Caballería e Infantería. Una vez más su carácter rígido y sin duda, violento, al que se sumaba el concepto que tenía de la disciplina, provocaron un levantamiento exigiendo su separación del ejército.
Como diputado a la Asamblea General Constituyente de 1813, ocupó a su turno, la presidencia de la misma. Antes había sido Intendente de Policía de Buenos Aires –nombrado el 7 de diciembre de 1812- llegando en apenas dos meses a poner orden e implantar medidas que él observara en las capitales más adelantadas de Europa.
En ese mismo año, pasó a combatir en la Banda Oriental, hasta que se rindiera Montevideo, siendo nombrado comandante militar de esa plaza y comisionado para conducir los prisioneros, banderas y armas allí tomados.
A fines de 1815 resultó elegido, con los doctores Boedo y Gorriti, -José Ignacio-, diputado al Congreso de Tucumán, llegando a ser sostenido su nombre, por algunos representantes del interior para el alto cargo de Director Supremo, en momentos verdaderamente angustiosos. Resistido por la diputación de Buenos Aires y la de Cuyo, se sometió a una prolongada cuarentena su diploma y hasta se le suspendió la ciudadanía, evitando así que pudiera incorporarse al Congreso.
Preso en 1817, acusado de conspirar contra Güemes por violación de correspondencia, lo que Moldes negara terminantemente y desterrado a Chile por Pueyrredón, regresa recién en 1820. Su genio indomable lo lleva después a librar una violenta campaña contra altos funcionarios de Buenos Aires, que, según él habían delinquido.
Cuando acaeció el 18 de abril de 1824 la muerte del coronel don José Moldes, se tuvo la sospecha de que ésta fue causada por envenenamiento. Expresó cierta vez, refiriéndose a ello que, en caso de haber sido así, quizá se debiera a la mano de algún perverso, como aquellos a quienes aludió cuando en su ‘exposición’ de 1816 dijo explicando su conducta: ‘la integridad con que la naturaleza me ha dotado y que es tan mortificante a los perversos’.
En rigor de verdad, se está en deuda con este prócer, pues si bien es cierto que se le han tributado algunos honores, éstos no están en proporción a sus merecimientos, que son excepcionales.
Discurso ante el monumento a ArenalesLa Intervención Federal ha confiado a mi sencilla palabra –honrándola- el tributar su homenaje a la goloriosa memoria del brigadier general Juan Antonio Alvarez de Arenales, con motivo de cumplirse hoy un nuevo aniversario de su nacimiento. Permitidme recordar que este monumento erigido en nombre del gobierno y del pueblo argentino, se inauguró el 26 de octubre de 1919, siendo presidente de la República don Hipólito Irigoyen, cuyo ministro de la guerra, el Dr. Julio Moreno, trajo su representación. Gobernaba nuestra provincia el Dr. Joaquín Castellanos, en cuyo nombre pronunció un discurso el entonces ministro de Hacienda Dr. David M. Saravia, haciéndolo por la comisión pro monumento el historiador Dr. Bernardo Frías. También citaré especialmente para las nuevas generaciones, el nombre del escultor que hizo esta hermosa obra de arte, don Arturo Dresco.
La estatua representa a Arenales mirando hacia el Norte, soberbio escenario de sus hazañas militares. La figura de la República y de las provincias –que entonces eran sólo catorce- proclama su fama. Y cual síntesis de una vida consagrada a la libertad, se lee en una chapa de bronce el ‘Oíd mortales el grito sagrado’ y la triple invocación del Himno Argentino.
En el Panteón de las Glorias del Norte, creado en nuestra Catedral por decreto del Interventor Federal, Dr. Manuel Carles, con la anuencia del obispo Diocesano Mons. José Gregorio Romero faltaban hasta hace poco tiempo los restos del General Arenales, más una patriótica donación de sus descendientes –hecha al Arzobispado- permite contar ahora con su cráneo que todavía conserva las huellas que le dejaron un sablazo y un culatazo recibidos en aquel dramático episodio ocurrido en la persecución con que quiso coronar su magnífico triunfo de ‘La Florida’.
Cuando tuve la dicha de llegar a Lima, una de mis primeras preocupaciones fue pasar al Callao y visitar las célebres casamatas en las que estuvo preso Arenales, más de un año, por el valioso apoyo que prestara en la revolución de Chuquisaca el 25 de mayo de 1809, uno de los principales movimientos precursores de la independencia en el Alto Perú.
Lo que es menos conocido es el audaz proyecto de este comandante general y gobernador de armas de salir inmediatamente de Chuquisaca con los 1300 hombres de su mando y apoderarse de Potosí; allí engrosaría su división con los 1.000 soldados que guarnecían esta ciudad y con todos juntos bajaría hasta Salta en donde –según sus palabras- dueño de un país animoso y de tantos recursos, levantaría un ejército de 4000 hombres… para llegar a Buenos Aires a revolucionarlo. Este grandioso plan no fue apoyado por los oidores que estaban en conflicto con el presidente general Pizarro –el mismo que había fundado Orán- los que ordenaron disolver las fuerzas y someterse al nuevo presidente Mariscal Nieto, siendo Arenales tomado preso y mantenido seis meses rigurosamente incomunicado hasta ser conducido al Callao.
Dadas las circunstancias en que hablo, tengo que ser breve, reduciéndose particularmente a su actuación en nuestro medio.
No obstante ser español de nacimiento y por su hidalga ascendencia –lo que dio motivo a malignas sospechas y mortificantes calumnias- su larga, valiosa y sacrificada actuación en las filas revolucionarias lo colocan con los más legítimos títulos, entre los precursores de la independencia en las provincias del Alto Perú, que entonces pertenecían al Virreinato del Río de la Plata y entre los principales próceres argentinos.
Formó su hogar en Salta, desposando a doña María Serafina de Hoyos, de quien el mismo Arenales, en carta familiar, califica como descendiente de la esclarecida casa de Hoyos. Aquí nacieron dos de sus hijos y los otros en el Alto Perú que entonces pertenecían al Virreinato del Río de la Plata y entre los principales próceres argentinos.
Elegido Regidor y Alcalde de Primer Voto, por el Cabildo de esta ciudad para el año 1812, se ve obligado a retirarse a su estancia de Pampa Grande en Guachipas ante la aproximación del jefe realista, pero no bien es éste derrotado en Tucumán regresa Arenales al frente de fuerzas por él reclutadas y sorprende a la guarnición enemiga, asumiendo el cargo de gobernador provisorio. De nuevo Tristán en Salta, Arenales se aleja de la ciudad, pero poniéndole sitio y cortando sus comunicaciones con las tropas que estaban en Jujuy.
Incorporado al ejército de Belgrano que avanzaba desde Tucumán, se convierte en un valioso colaborador, al punto de que Mitre sostiene que la llegada de Arenales compensaba la pérdida de los Coroneles Moldes y Holmberg, de quienes el jefe patriota había tenido que privarse después de su triunfo del 24 de setiembre de 1812.Tomó parte en la victoria del 20 de febrero de 1813. Don Vicente Fidel López pone en boca de Dorrego la afirmación de que en la Batalla de Salta la presencia de Arenales al lado del general Belgrano, había sido de una importancia decisiva.
El vencedor de salta, reconociendo los servicios y altas prendas militares de Arenales, pide para él los despachos de Coronel graduado del Ejército, cargo que equivalía al de General.
El vencedor de Salta, reconociendo los servicios y altas prendas militares de Arenales, pide para él los despachos de Coronel graduado del Ejército, cargo que equivalía al de General.
Nombrado por Belgrano gobernador militar y político de Cochabamba, realiza su célebre campaña del Valle Grande, permaneciendo durante dos años, puede decirse, a retaguardia de los poderosos ejércitos que invadieron la provincia de Salta.El ya mencionado triunfo de ‘La Florida’ contribuyó con la caída del baluarte realista de Montevideo y las guerrillas que ya capitaneaba Güemes, a hacer retroceder al General Pezuela que desde este norte se había propuesto abrirse paso hacia el sur con miras de llegar hasta Buenos Aires.
Extenso sería referirme a la incorporación de Arenales al ejército de San Martín en Chile, en 1820, quien lo honró siempre con el título de ‘compañero’. Allí es designado Mariscal de Campo.
Llegada la expedición libertadora al Perú, Arenales comanda la ‘División de la Sierra’, triunfando en Nasca y otros combates hasta cubrirse de gloria en el Cerro de Pasco.
Allí es condecorado con la ‘Orden del Sol’, nombrándolo San Martín ‘Gran Mariscal del Perú’.
La jerarquía a que había llegado puede apreciarse además, por haberle puesto a sus órdenes la gran División del Centro y la actitud del General Sucre de estar dispuesto a combatir a sus órdenes.
Reintegrado a Salta, es elegido gobernador para los años 1824 y 1825, mandato que la Sala de Representantes prorrogó su término en vista de las exigencias militares por la contienda que se avecinaba con el Emperador del Brasil.Su labor de gobernante es digna de gran elogio. Los periodistas de esta ciudad, que conservan siempre vivo el recuerdo de Arenales, no olvidan que consiguió del presidente Rivadavia, por mediación de Don Victorino Solá, la imprenta conocida con el nombre de ‘Niños Expósitos´, en la cual se publicara ‘La Gaceta’ de Buenos Aires, bajo la dirección de Mariano Moreno y que tuvo por último redactor al ilustre salteño Dr. Manuel Antonio de Castro.
El gobernador Arenales envió una importante fuerza para batir al general Olañeta que no quiso aceptar la capitulación de los realistas después de Ayacucho; hizo grandes esfuerzos para evitar la segregación de Tarija, que había pertenecido a Salta, y se preocupó por la navegación del Bermejo.
Permitidme poner fin a mis palabras de hoy, escritas con premura, repitiendo una invocación hecha en este mismo sitio, años atrás.
‘¡Que la piedra y el bronce de este monumento, corporicen el recuerdo glorioso del general Juan Antonio Alvarez de Arenales, cuyo espíritu superior irradiará siempre sobre la República Argentina, Bolivia, Chile y Perú, cual el de un campeón de la independencia sudamericana!’.